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Stand By Modus

 Esta mañana (hoy 16 de mayo) me han dado una noticia aplastante. Abatidora. Alemania 2, España 1; final del partido. Y yo con sinceras y buenas intenciones de felicitar el pumple y nada más. Zas, bofetón en todo el careto. Será que es porque hacía tiempo que las cosas me salian bien, ahora que me dieron permiso para ir a la playa y nadar, que ya hacía falta bajarme la moral un poquito. Gracias mundo, universo, destino y demás malas compañías. El caso es que la “buena” nueva no me ha dejado “tan” hecho polvo como normalmente me deja un palo así, pero hoy… hoy me ha dejado en modo pasivo. Como si me hubieran enchufado el piloto automático e hiciera todo en modo zombie. Tipo checklist diaria aburrida sin cambiar el semblante. Desayunar. Afeitarse. Vestirse. Salir. Nadar. Volver. Comer. Mirar al techo. Respirar. Esperar a la noche para repetir al día siguiente. O esperar al final. Esperar algo. A qué coño estoy estoy esperando, me pregunto. A ver si me auto-empujo y salgo del sonambulismo éste. O que alguien me empuje. Eso, voy a ver si alguien quiere empujarme o sacudirme o pegarme o algo. Seguro que hay voluntarios haciendo cola. ¿Alguna voluntaria?

Father’s Name Day

 Mi padre es un ferviente adalid del “polvo eres y en polvo te convertirás”. Nunca lo ha dicho en voz alta, pero así lo creo por su obsesión con dejar mínima pista de su fugaz existencia por esta vida y no me refiero sólo a la huella de carbono, él no es precisamente “mister verde”. Me refiero a una manifestación en concreto de su manía de que nunca nadie pueda llegar a saber que ha existido: las fotos. Ya no solo el hecho de que le huya a las cámaras como si las hubiera cargado el diablo, eso lo hace mucha gente, pero es que él llega hasta el punto de haber escrutado página por página los antiguos álbumes de fotos de familia para quitar cualquier foto en la que se le vea claro o salga mirando a la cámara. Tanto ha sido siempre así, que hay algunas fotos que por salir el resto de gente bien, ha tenido la decencia (o por lo menos él así lo verá en su cabeza) de recortarse la cabeza. Así como lo leen. Zas, boquete a tijeretazos en la imagen. Y a cualquiera que le pregunte por qué tan mala leche, la misma respuesta: gruñidos.

 Hoy – felicidades, padre – se cuenta un año más cerca de la tumba. Estoy por regalarle un cartón de tabaco, lo que parece su único placer e interés en la vida junto con su cocina. Capaz que me lo agradece por dos motivos: por ver cómo el hijo que le ha dado tanto el coñazo por el humo y los olores condona su vicio, y por el pequeño empujón que supondría en su empecinado viaje hacia el olvido.

Otra menos (Reprise)

 Esto se está empezando a convertir en un patrón a tener en cuenta y es que, no se lo pierdan; cada vez que vuelvo a Tenerife, pierdo a alguien que me importa. Es ley, por lo visto. No hay solución. No hay escapatoria. Ha pasado en las últimas 3 Navidades y los últimos 2 veranos. Motivos diferentes cada vez, pero bastante contundentes. Y siempre alguien que me importa, claro. No me refiero a unos cuantos “amigos” de Facebook que desaparecen, sino a personas que necesitaba y con quien conectaba de forma especial. Es que no ha fallado ni una vez en los últimos 2 años y pico. Algo se rompe, sentimientos cambian y las cosas nunca vuelven a ser como antes. A veces se pueden enmendar un poquito, con tiempo y suerte, paro ya no es lo mismo. Y duele. Cada caso. Cada vez. No me gusta pensar que la isla me tiene gafado, pero ya no sé qué pensar. Los argumentos empíricos son pesados y más desde aquí la primera persona del singular.

 Ahora bien, si ha pasado tantas veces, todo esto de perder a alguien ya debería ser menos doloroso, pensaría cualquiera. A veces creo que cada vez duele más. Pero. Si algo he aprendido de mi reciente operación de rodilla, es que tengo formas, sistemas, ideas, que me ayudan a aguantar el dolor físico en plan machote, y nunca mejor dicho (sonará a chiste, pero a mí esta fórmula me ayuda): ¿Qué haría Batman? ¿Qué haría Kirk? ¿Qué haría Marlowe? ¿Qué haría Lobezno? ¿Qué haría Riker? ¿Qué haría Raylan? ¿Qué haría Dwight? Ya puestos, hasta “WWJD?”. Resulta que la fórmula también sirve si la extrapolamos del dolor físico al… al otro tipo dolor. Parece un consejo sacado de /b/ en plan Courage Wolf para nenazas pero ayuda, funciona y me hace sentir mejor. Como si viera las cosas con mejor perspectiva. Más simple. Más fuerte. Más duro. Más macho.

P.D.: Au. Mi rodilla.

Muy triste, todo esto (rant)


Es muy triste. Y es muy triste, señores, que se olviden de uno. Y más si se olvidan de uno en determinadas situaciones. Justo cuando uno va a pasar y/o ha pasado por un momento de mucha vulnerabilidad, teniendo que superar una vez más uno de esos momentos que lo dejan a uno temblando y sollozando como un bobo. Más aún si es una de las poquísimas personas que alguna vez te acompañó a pasar por eso y aún a sabiendas de que tocaba repetir el trauma, ni se acordó de ti el dia antes, durante ni después… y a dia de hoy sigue sin dar señales de vida. ¿Una semana? Primero sí, y después de mi reclamo y su promesa de que no volverá a pasar: Dos Semanas. Para que ahora encima, uno vaya a ver si todo está bien, como ya dijo en un momento que lo estaba, para darse cuenta de que se está quejando y quiere todas esas cosas que tú le prometias. Pero a ti ni pío, para más inri. La última fue en plan “quiero sol, playa, calorcito, ahorrar, comer rico y alguien que me consienta y me apapache.” Lo mismo que yo mismo un par de semanas antes le estaba proponiendo. Y eso; a mi ni me dice nada. NADA. Más me hubiera valido que me hubiera dicho “ah, sí, ¡me parecen geniales ideas! Pero espera, que contigo no me apetece nada de eso, así que gracias por las ideas, que ahora voy a preguntar por ahí si hay alguien más que me las quiera ofrecer.

 Esto es muy contradictorio y no es la primera. Antes de eso ya hubo algo de tipo “¡Estoy triste!”, le pregunté “¿qué te pasa?” y contesta “ah, no, nada.” Una de dos, o el problema soy YO… o el problema NO soy YO. Cualquiera de los dos casos me parece nefasto si SIGUE SIN COMUNICARME NAAADAAA! >_< Que todo (y en verdad digo TODO) se solucionaría con un mínimo intento de comunicación, pero no hace nada. Ya DOS semanas, joder. Dos. Ya mátame y acabamos antes, ¿no? ¡Dos! Un mínimo de comunicación, por Dios…

Chuck Lorre 328

 No es que no estuvieran no-enamorados, es sólo que el tema en sí mismo nunca salió a conversación, pero de alguna forma flotaba sobre ellos cual estúpida nube de felicidad. La nube del amor; garantizada a lloverte en el cerebro hasta dejarte gimiendo de serotonina.
A lo mejor lo que les ocurría es que estaban enamorados de la idea de estar enamorados. Pero eso también es amor, ¿no? En vez de amarse mutuamente, amaban la idea. Una aspiración. Un deseo. La otra persona era más un pensamiento colindante, quizás incluso prescindible o, cuanto lo menos, intercambiable…

Amo que me hagas sentirme enamorado. A ti, por el contrario, no sé si considerarte un elemento implicado directamente en este sentimiento.

Por supuesto era cuestión de tiempo hasta que la verdad sobre ellos mismos, el duro hecho de que su individualidad, su tan-único-como-un-copo-de-nieve, se volviera inevitable…

Puede que yo sea un juguete roto, pero tú eres una fábrica china de cunas que usa materiales tóxicos.

Decir adiós en estas circunstancias es siempre muy incómodo…

Acabo de hacer que la grúa se lleve tu coche.
Ah, está bien; aquel video que hicimos que dije que borraría, ahora está en internet.

Mi Diana

  Diana es mi nueva amiga, mi nueva compañera, mi regalo de Reyes. Con su corazón de plástico y su alma analógica, tiene un ojo suave y ensoñador que busca imágenes cálidas, sobre-saturadas e inesperadas. Es a las cámaras fotográficas de millones de megapíxeles, lo que una vieja y grasienta máquina de escribir a los ordenadores portátiles. Después de leer su historia e incluso antes de nuestra primera cita, ya sabía que corría el riesgo de enamorarme de su encanto retro setentero. Desde el *click* de cada foto capturada, hasta la incertidumbre de la espera por el revelado, aguardando la promesa de sus legendarios ángulos sorpresa, colores borrosos y manchas de personalidad lumínica. Es espontánea y casual.

 Nacida como una paria de producción masiva en Hong Kong, inspirada en una tal Holga, rusa abandonada por culpa de su individualidad; A precio de salida por debajo de un dólar, también cayó por sus imperfecciones, que hoy son su firma de marca y personalidad, cualidades que décadas más tarde la hicieran resurgir gracias a su re-descubrimiento por parte de un grupo de austriacos profesionales de la fotografía muy nostálgicos.

 Sus fotos son tan características, que los fans de la lomografía les dan nombre propio llamándolas ‘viñetas’, definiendo rígidamente el término como “una escueta e impresionista imagen que se enfoca en un momento o dota de un carácter particular a un individuo, idea o escenario”. Una viñeta es corta pero compleja; un mordisco de detalle, pero muy gratificante. Son también fácilmente reconocibles por sus bordes oscurecidos, efecto por el que Diana es mundialmente conocida gracias a sus estenopeicas (pinhole).

 A Diana le encantan los pequeños detalles de la vida. Le gusta tu desayuno, el perro del vecino, el sombrero raro que se ve en la ventana del segundo, el tráfico mañanero, los azucareros en las terrazas de los cafés, los reflejos del atardecer en tus gafas y tu nariz borrosa de primerísimo plano. Y se merienda imágenes cuadradas de 120mm con mucha luz de guarnición. Entre sus 10 reglas de oro está que no hay que buscar perspectiva. Nada de dar un paso atrás para que entre todo, eso sería un paso consciente en contra del primer impulso. Tira todas las inhibiciones por la ventana, no pienses en las implicaciones, y dispara.

 Dicen que se necesita un tipo muy especial de visionario para apreciar a Diana. El transeúnte medio de la calle probablemente no se emocionará por una cámara toda de plástico y que parece de juguete, pero hay una minoría que la adora con todo su ser. A mí me pica la curiosidad y quiero más. Ojalá pueda entenderme bien con ella y me cuente sus secretos.

Mucho cuento

 Mentiras, embustes, engaños y trolas. Dice unas cosas y hace otras. Me da la impresión que reacciona así porque cree que me voy a mosquear si no trata de quedar bien conmigo. Por ahí va y me suelta, como si nada, ideas forzadas sobre lo que podríamos hacer tal o cual día. Para que luego “si te he visto no me acuerdo”. Sí, me molestaría que pasara de mí, pero hablar mierda para luego dejarme sentado esperando verla venir, es peor. Así que que no se moleste la próxima vez, no es necesario, te lo ahorras y me lo ahorras. Que luego cualquier promesa suena a esos ridículos “osea, tenemos que super quedar algún día, call me” que te tiran a la cara gente con la que tampoco tienes tanta confianza y/o contacto. Que luego sabes que, tararí-que-te-vi, me olvidé una vez más de ti. Si fuera que es como alguna que otra amiga que sé que sí tiene sus líos e historias de fuerza mayor, pues vale. Tolerante y comprensivo yo el primero. En ese caso ni presiono ni molesto, que hace poquito que aprendí a dar espacio a aquella que lo necesite y todos felices. Sin más problemas que los que ya tenemos. Pero en verdad te digo que no tiene que tentarme para luego escacharme, enseñando la torta a lo “¿quieres? … Compra”, en plan el Federico del Chavo. Es su decisión venir o no venir, quedar o no quedar, hablarme o no hablarme, pero no tiene derecho a jugar conmigo o a decirme cualquier cosa por la incomodidad del momento. Ahora permítanme, que hoy voy a lamerme los huevos yo solito y mañana será otro día con posibilidades en otras gentes. Que esa es otra: Hay más peces en el mar, ya sean para comer, mojar o jugar.